sábado, 23 de mayo de 2009

Algunos



I. Sonríes… viene tu rostro de niño
mundo posible
lejano… cierto
Adivinas una palabra
Y la pluma baila entre mis dedos.
Las hojas de otoño
caen en primavera.
La noche palpita
salta de la cama…



II. Como un abismo
Confuso
Inmenso
Cierto
Poderoso
Inevitable
Te desnudas frente a mí.



III. Es terrible… mi estómago se aprieta contra mis costillas como impidiendo la respiración. Siento cómo la piel enrojece su color y por un momento me desconcentro. No. Tengo que rescatar todas las ideas pensadas para organizarlas y poner en práctica lo que llaman inteligencia, sexto sentido o lo que sea. Como bombas, las palabras atraviesan las infinitas ondas invisibles y empuñan la espada con un fin. Palabras van, otras vienen y un solo pensamiento superior llena mi cabeza sin miramientos. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué pinche obsesión me tiene sin beneficios?
Un deseo intenso de escapar se transforma en orgullo porque tengo que poner un escudo por lo menos. Ya no puedo atacar, tengo que buscar otra estrategia. Tengo que ponerle fin. Tengo que acabar con esto, me repito una y otra vez. Desde el pensamiento hasta las manos.

Y sabiendo que yo, permisiva, estúpida, voy a contestar otra vez… finalmente cuelgo.




IV. Lluvia… te deseo como a la lluvia pasajera de septiembre, suave, inminente… blanca, tersa… la venida de tu piel entre mis piernas.




V. La luz pálida de esta tarde me recuerda tu rostro, fino deseo de tu mirada, del contraste con tus ojos oscuros recién abiertos… Existes porque
miras, porque extiendes las redes de tu sentimiento sutil de primavera en el espacio inerte que se atraviesa entre los dos.
Tus ojos nocturnos y serenos. Tu visita deseada y serena. La aventura del milagro y su continuación: yo… serena.
Tu torso moreno es liso y fuerte. Descansa mi cabeza entre la sábana de tu piel.




VI. Inauguro este lápiz con tu nombre. Con la imagen que en el vaho del cristal emerge sin permiso. Quiero que leas mis versos alejados en la palabra que le dije al papel. Que vengas con tus ojos llenos de la noche. Que toques la mar en calma que te espera y que la marea desate el estallido en tu pecho. Que la brisa continua obsequie la quietud más próxima a este… tu temporal puerto.

lunes, 11 de mayo de 2009

Espacio y texto

¡Hola a todos quienes visiten este blog! La palabra escrita hace trascender al hombre y este espacio está dedicado a comentar la palabra escrita con palabra. Hoy dejo un fragmento de Jaime Sabines, poeta chiapaneco, exponente de la prosa poética, tan abundante en la actualidad. Estos son muy buenos para inaugurar.

LA TARDE DEL DOMINGO ES QUIETA en la ciudad evacuada. A la orilla de las carreteras la gente planta su diversión afanosamente. Hasta este «contacto con la naturaleza» se toma con trabajo, y los carros se amontonan promiscuamente, lo mismo que las gentes que se quedaron en los cines, en los toros y en otros espectáculos. Nadie busca, en verdad, la soledad, y nadie sabría qué hacer con ella. «Es bueno tomar el aire limpio de tales horas»: este espíritu gregario sólo da recetas para vivir.

Igual que la borrachera de los sábados, las visitas a las casas de amor y hasta las maneras del coito, se estereotipan. La vida moderna es la vida del horario y de la mediocridad ordenada. Dios baja a la tierra los domingos por la mañana a las horas de misa.

Pero esta tarde es quieta y libre. El inmenso cielo gris, inmóvil, iluminado, se extiende sobre las casas de los hombres. Y uno sabe, recónditamente, que es perdonado.


IGUAL QUE LA NOCHE
Igual que la noche de la embriaguez,
igual fue la vida.
¿Qué hice?, ¿que tengo entre las manos?
Sólo desear, desear, desear,
ir detrás de los sueños
igual que un perro ciego ladrándole a los ruidos.


LA LUNA
La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedantey también alivia a los que se han intoxicado de filosofí. Un pedazo de luna en el bolsillo es el mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohaday mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas


TU NOMBRE
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te
amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que
nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la
estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti,
derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita
mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo
incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer.