1. Ya que niegas a mis manos el goce del momento de acariciar tu espalda,
deja que penetren siquiera mis deseos hasta la sombra de tu cuerpo ausente,
para obtener lo que ni en sueños quieres darme...
pequeño escurridizo de mis noches.
2.¿Qué nueva dimensión es esta?
Ahora soy de ti, como aquellos días cuando las horas no tenían nombre.
Eran los tiempos de imaginar la luna y amarnos,
como si fuera la última esperanza.
Aun tengo un recuerdo tuyo, justamente debajo de mi pecho.
3. Aquí, sobre esta hierba quiero amarte.
Salir desde temprano a corretear el aire.
Allá lejos quedó el rumor que turba el sentimiento.
No existe alguna ciudad que nos recuerde,
ahora somos de este campo como dos pájaros perdidos
bajo el sereno mirar de la llovizna.
4. Qué horrible día he pasado,
el trabajo se acumuló y exigió tanto de mí
que casi desfallezco.
Si no fuera porque esta noche
aprenderé contigo el juego de la luna
desearía guardarme como los girasoles.
5. Estoy de paso en esta ciudad desconocida.
Te busco como una golondrina desertora,
que no quiere pasar el invierno en el sur sin detenerse un rato
para anidar en tu pecho.
6. Lo que siento por ti
no persigue ningún fin rebuscado en el ocio,
es tan simple como las cosas que componen el mundo,
como ir al mercado,
como ver a los amantes peleando a la entrada de un cine,
como hacer el amor en un cuarto de azotea
mientras pasa la lluvia.
Lo que siento por ti,
no me orilla a mentarte la madre si no llegas
ni a ponerme celosa de la rubia
que causa conmoción con sus pestañas.
Es algo más sencillo,
como abrir la ventana y palpar esa mancha luminosa
que revienta en tus manos.
7. Te conocí al despuntar noviembre,
eras sin duda el taumaturgo
que traía el remedio para depositarlo
sobre mi tristeza derramada.
El milagro se hizo,
y el desvelo era un acto de amor que se extendía.
Aquello duró poco
sin embargo, siento a veces
tu fantasma que viene a beber mis pócimas
mucho tiempo después del aquelarre.
jueves, 17 de diciembre de 2009
sábado, 19 de septiembre de 2009
Este septiembre
Surge de tu voz la inexplicable agonía de un momento lleno de preguntas. Vienes sigiloso, caminante, aventurero. Detienes a un tiempo el paso y evalúas el futuro cristal que encierra una idea temprana.
Un pensamiento vagabundo se filtra por la ventana, donde despacio, mi mirada torna azul tu recuerdo.
Estás del otro lado y la puerta no se abre. Dejas salir dos o tres palabras sin tregua. Tus respuestas nunca aciertan. Unas palabras que emergen como humo después del fuego. Un hilo que el papel continúa.
Este septiembre deja una efímera huella de humedad incontenible... llueve de todas maneras. Blanca, tierna, fría... viene.
Avanza esta punta sin destino...
domingo, 30 de agosto de 2009
Recuerditos
Los pocos recuerdos me pesan. Aquí los traigo, pobres, desganados. Necios, renunciando al abandono. Se han puesto de acuerdo entre ellos para no irse. Es pronto y alguno insiste en el deseo de una gota de tiempo bajo tus ojos de miel. Son inquietos, dulces, ¿cómo se van a ir? Yo sé que sólo desean pasarse al papel, que la crisis sin solución pasará cuando esta hoja dé la vuelta. Pero me preocupa… mis recuerdos retoman vida cuando lo deciden. Son desobedientes. Son recuerditos.
lunes, 27 de julio de 2009
De Cortázar... ahora que llueve
¡Cortázar es un grande! En la lit. latinoamericana y deberían verlo en una foto... Una cosa hormonal lo hacía crecer y crecer. Gigantismo, comúnmente. Y tan grande que miraba lo pequeño de una manera sublime. Tenía ese aire de fragilidad que tienen las personas tan altas, como dice Borges, su amigo. A mí, me encanta, últimamente lo re-leo y en uno de esos episodios con él, me encontré esto, en esta tarde-noche de lluvia en compañía del gran Julio Cortázar.
Aplastamiento de las gotas
Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.
Aplastamiento de las gotas
Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.
martes, 23 de junio de 2009
Su verdadero nombre -ejercicio-
No sé ni siquiera si ese es su verdadero nombre. No sé si le corresponde o no. Algunos me dijeron que así se llama. Lo único que aprendí de él fue el deseo de la espera.
La primera vez que lo ví, la calle de asfalto se rozaba de vez en cuando con el sol, mientras ocurría el murmullo de la gente. Los años eran siempre el impulso de la espera. Esperaba yo las fechas propias en que vendría otra vez a la ciudad para caminar cerca del aire que él respiraba. No pienses que me dejo llevar por la idea vana de tenerlo y no. O por la lucha estéril con el tiempo y el desafío con el espacio.
-----------------------
Creí que había ido tallando su olvido a través de la distracción. Que su vida nueva y su familia nueva lo llevarían lejos, y también a mí.
Y no. Nunca fue como lo pensé. Quizá, como tú sabes, yo deseaba tanto encontrarme con él otra vez, que una mañana tibia de octubre, en un lugar y hora desconocidas, supe de sus ojos otra vez. Aún no estoy segura si pasó o no. Quizá no. Sólo supe de la sombra bajo el arbol y la gente atravesando en medio del pasillo.
--------------------
Hubo un vacío entre tu encuentro y las once de la mañana. Hubo un vacío de años entre tu guitarra y mi despertar. Tú sabías que te fuiste. Es que temo llorar, nadie tiene porqué saber nada. Tú y yo somos hechos de la misma carne, del mismo color de piel... nos criaron de la misma forma.
Me acuerdo de tu casa, de un piso largo, de mi abuela... algún día te conocí cuando era niña. Luego desapareciste mientras crecí. Una tarde te ví frente a mí, abrazando tu guitarra y componiendo la melodía que marcaría tu imagen permanente en la memoria.
Pasaron los días y yo me acerqué a una guitarra... puente que me haría llegar a ti. Siempre te he escrito y todos los días pienso en tí.
No necesitábamos decir que lo mejor era caminar juntos de noche. Pero tú, a medida que probaste las experiencias de tu edad quisiste evitarme. Los cuentos, los hombres grises, el punto de contacto y las estrellas se quedaron aguardando hasta hoy. Tu vida recién descubierta también me guardó en un espacio extraño. No sé dónde me dejaste.
Por mi parte, crecí en medio de oportunidades. Tomé los caminos que quise. Pasó el tiempo. Pasaron diez años. El compás de la espera demoró tanto.
--------------------------
No puedo evitar mi momento frente al papel. Guardar las palabras siempre ha sido un placer... guardar tu recuerdo siempre ha sido mi labor. La esperanza en el recuerdo ha confundido mis ideas. Tenerte, de lejos y de cerca, ha creado expectativas ilusorias que vanamente se confunden en la quietud del silencio.
La primera vez que lo ví, la calle de asfalto se rozaba de vez en cuando con el sol, mientras ocurría el murmullo de la gente. Los años eran siempre el impulso de la espera. Esperaba yo las fechas propias en que vendría otra vez a la ciudad para caminar cerca del aire que él respiraba. No pienses que me dejo llevar por la idea vana de tenerlo y no. O por la lucha estéril con el tiempo y el desafío con el espacio.
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Creí que había ido tallando su olvido a través de la distracción. Que su vida nueva y su familia nueva lo llevarían lejos, y también a mí.
Y no. Nunca fue como lo pensé. Quizá, como tú sabes, yo deseaba tanto encontrarme con él otra vez, que una mañana tibia de octubre, en un lugar y hora desconocidas, supe de sus ojos otra vez. Aún no estoy segura si pasó o no. Quizá no. Sólo supe de la sombra bajo el arbol y la gente atravesando en medio del pasillo.
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Hubo un vacío entre tu encuentro y las once de la mañana. Hubo un vacío de años entre tu guitarra y mi despertar. Tú sabías que te fuiste. Es que temo llorar, nadie tiene porqué saber nada. Tú y yo somos hechos de la misma carne, del mismo color de piel... nos criaron de la misma forma.
Me acuerdo de tu casa, de un piso largo, de mi abuela... algún día te conocí cuando era niña. Luego desapareciste mientras crecí. Una tarde te ví frente a mí, abrazando tu guitarra y componiendo la melodía que marcaría tu imagen permanente en la memoria.
Pasaron los días y yo me acerqué a una guitarra... puente que me haría llegar a ti. Siempre te he escrito y todos los días pienso en tí.
No necesitábamos decir que lo mejor era caminar juntos de noche. Pero tú, a medida que probaste las experiencias de tu edad quisiste evitarme. Los cuentos, los hombres grises, el punto de contacto y las estrellas se quedaron aguardando hasta hoy. Tu vida recién descubierta también me guardó en un espacio extraño. No sé dónde me dejaste.
Por mi parte, crecí en medio de oportunidades. Tomé los caminos que quise. Pasó el tiempo. Pasaron diez años. El compás de la espera demoró tanto.
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No puedo evitar mi momento frente al papel. Guardar las palabras siempre ha sido un placer... guardar tu recuerdo siempre ha sido mi labor. La esperanza en el recuerdo ha confundido mis ideas. Tenerte, de lejos y de cerca, ha creado expectativas ilusorias que vanamente se confunden en la quietud del silencio.
sábado, 23 de mayo de 2009
Algunos
I. Sonríes… viene tu rostro de niño
mundo posible
lejano… cierto
Adivinas una palabra
Y la pluma baila entre mis dedos.
Las hojas de otoño
caen en primavera.
La noche palpita
salta de la cama…
II. Como un abismo
Confuso
Inmenso
Cierto
Poderoso
Inevitable
Te desnudas frente a mí.
III. Es terrible… mi estómago se aprieta contra mis costillas como impidiendo la respiración. Siento cómo la piel enrojece su color y por un momento me desconcentro. No. Tengo que rescatar todas las ideas pensadas para organizarlas y poner en práctica lo que llaman inteligencia, sexto sentido o lo que sea. Como bombas, las palabras atraviesan las infinitas ondas invisibles y empuñan la espada con un fin. Palabras van, otras vienen y un solo pensamiento superior llena mi cabeza sin miramientos. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué pinche obsesión me tiene sin beneficios?
Un deseo intenso de escapar se transforma en orgullo porque tengo que poner un escudo por lo menos. Ya no puedo atacar, tengo que buscar otra estrategia. Tengo que ponerle fin. Tengo que acabar con esto, me repito una y otra vez. Desde el pensamiento hasta las manos.
Y sabiendo que yo, permisiva, estúpida, voy a contestar otra vez… finalmente cuelgo.
IV. Lluvia… te deseo como a la lluvia pasajera de septiembre, suave, inminente… blanca, tersa… la venida de tu piel entre mis piernas.
V. La luz pálida de esta tarde me recuerda tu rostro, fino deseo de tu mirada, del contraste con tus ojos oscuros recién abiertos… Existes porque miras, porque extiendes las redes de tu sentimiento sutil de primavera en el espacio inerte que se atraviesa entre los dos.
Tus ojos nocturnos y serenos. Tu visita deseada y serena. La aventura del milagro y su continuación: yo… serena.
Tu torso moreno es liso y fuerte. Descansa mi cabeza entre la sábana de tu piel.
mundo posible
lejano… cierto
Adivinas una palabra
Y la pluma baila entre mis dedos.
Las hojas de otoño
caen en primavera.
La noche palpita
salta de la cama…
II. Como un abismo
Confuso
Inmenso
Cierto
Poderoso
Inevitable
Te desnudas frente a mí.
III. Es terrible… mi estómago se aprieta contra mis costillas como impidiendo la respiración. Siento cómo la piel enrojece su color y por un momento me desconcentro. No. Tengo que rescatar todas las ideas pensadas para organizarlas y poner en práctica lo que llaman inteligencia, sexto sentido o lo que sea. Como bombas, las palabras atraviesan las infinitas ondas invisibles y empuñan la espada con un fin. Palabras van, otras vienen y un solo pensamiento superior llena mi cabeza sin miramientos. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué pinche obsesión me tiene sin beneficios?
Un deseo intenso de escapar se transforma en orgullo porque tengo que poner un escudo por lo menos. Ya no puedo atacar, tengo que buscar otra estrategia. Tengo que ponerle fin. Tengo que acabar con esto, me repito una y otra vez. Desde el pensamiento hasta las manos.
Y sabiendo que yo, permisiva, estúpida, voy a contestar otra vez… finalmente cuelgo.
IV. Lluvia… te deseo como a la lluvia pasajera de septiembre, suave, inminente… blanca, tersa… la venida de tu piel entre mis piernas.
V. La luz pálida de esta tarde me recuerda tu rostro, fino deseo de tu mirada, del contraste con tus ojos oscuros recién abiertos… Existes porque miras, porque extiendes las redes de tu sentimiento sutil de primavera en el espacio inerte que se atraviesa entre los dos.
Tus ojos nocturnos y serenos. Tu visita deseada y serena. La aventura del milagro y su continuación: yo… serena.
Tu torso moreno es liso y fuerte. Descansa mi cabeza entre la sábana de tu piel.
VI. Inauguro este lápiz con tu nombre. Con la imagen que en el vaho del cristal emerge sin permiso. Quiero que leas mis versos alejados en la palabra que le dije al papel. Que vengas con tus ojos llenos de la noche. Que toques la mar en calma que te espera y que la marea desate el estallido en tu pecho. Que la brisa continua obsequie la quietud más próxima a este… tu temporal puerto.
lunes, 11 de mayo de 2009
Espacio y texto
¡Hola a todos quienes visiten este blog! La palabra escrita hace trascender al hombre y este espacio está dedicado a comentar la palabra escrita con palabra. Hoy dejo un fragmento de Jaime Sabines, poeta chiapaneco, exponente de la prosa poética, tan abundante en la actualidad. Estos son muy buenos para inaugurar.
LA TARDE DEL DOMINGO ES QUIETA en la ciudad evacuada. A la orilla de las carreteras la gente planta su diversión afanosamente. Hasta este «contacto con la naturaleza» se toma con trabajo, y los carros se amontonan promiscuamente, lo mismo que las gentes que se quedaron en los cines, en los toros y en otros espectáculos. Nadie busca, en verdad, la soledad, y nadie sabría qué hacer con ella. «Es bueno tomar el aire limpio de tales horas»: este espíritu gregario sólo da recetas para vivir.
Igual que la borrachera de los sábados, las visitas a las casas de amor y hasta las maneras del coito, se estereotipan. La vida moderna es la vida del horario y de la mediocridad ordenada. Dios baja a la tierra los domingos por la mañana a las horas de misa.
Pero esta tarde es quieta y libre. El inmenso cielo gris, inmóvil, iluminado, se extiende sobre las casas de los hombres. Y uno sabe, recónditamente, que es perdonado.
IGUAL QUE LA NOCHE
Igual que la noche de la embriaguez,
igual fue la vida.
¿Qué hice?, ¿que tengo entre las manos?
Sólo desear, desear, desear,
ir detrás de los sueños
igual que un perro ciego ladrándole a los ruidos.
LA LUNA
La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedantey también alivia a los que se han intoxicado de filosofí. Un pedazo de luna en el bolsillo es el mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohaday mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas
TU NOMBRE
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te
amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que
nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la
estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti,
derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita
mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo
incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer.
LA TARDE DEL DOMINGO ES QUIETA en la ciudad evacuada. A la orilla de las carreteras la gente planta su diversión afanosamente. Hasta este «contacto con la naturaleza» se toma con trabajo, y los carros se amontonan promiscuamente, lo mismo que las gentes que se quedaron en los cines, en los toros y en otros espectáculos. Nadie busca, en verdad, la soledad, y nadie sabría qué hacer con ella. «Es bueno tomar el aire limpio de tales horas»: este espíritu gregario sólo da recetas para vivir.
Igual que la borrachera de los sábados, las visitas a las casas de amor y hasta las maneras del coito, se estereotipan. La vida moderna es la vida del horario y de la mediocridad ordenada. Dios baja a la tierra los domingos por la mañana a las horas de misa.
Pero esta tarde es quieta y libre. El inmenso cielo gris, inmóvil, iluminado, se extiende sobre las casas de los hombres. Y uno sabe, recónditamente, que es perdonado.
IGUAL QUE LA NOCHE
Igual que la noche de la embriaguez,
igual fue la vida.
¿Qué hice?, ¿que tengo entre las manos?
Sólo desear, desear, desear,
ir detrás de los sueños
igual que un perro ciego ladrándole a los ruidos.
LA LUNA
La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedantey también alivia a los que se han intoxicado de filosofí. Un pedazo de luna en el bolsillo es el mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohaday mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas
TU NOMBRE
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te
amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que
nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la
estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti,
derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita
mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo
incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer.
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