¡Cortázar es un grande! En la lit. latinoamericana y deberían verlo en una foto... Una cosa hormonal lo hacía crecer y crecer. Gigantismo, comúnmente. Y tan grande que miraba lo pequeño de una manera sublime. Tenía ese aire de fragilidad que tienen las personas tan altas, como dice Borges, su amigo. A mí, me encanta, últimamente lo re-leo y en uno de esos episodios con él, me encontré esto, en esta tarde-noche de lluvia en compañía del gran Julio Cortázar.
Aplastamiento de las gotas
Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.
lunes, 27 de julio de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
