martes, 23 de junio de 2009

Su verdadero nombre -ejercicio-

No sé ni siquiera si ese es su verdadero nombre. No sé si le corresponde o no. Algunos me dijeron que así se llama. Lo único que aprendí de él fue el deseo de la espera.
La primera vez que lo ví, la calle de asfalto se rozaba de vez en cuando con el sol, mientras ocurría el murmullo de la gente. Los años eran siempre el impulso de la espera. Esperaba yo las fechas propias en que vendría otra vez a la ciudad para caminar cerca del aire que él respiraba. No pienses que me dejo llevar por la idea vana de tenerlo y no. O por la lucha estéril con el tiempo y el desafío con el espacio.

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Creí que había ido tallando su olvido a través de la distracción. Que su vida nueva y su familia nueva lo llevarían lejos, y también a mí.
Y no. Nunca fue como lo pensé. Quizá, como tú sabes, yo deseaba tanto encontrarme con él otra vez, que una mañana tibia de octubre, en un lugar y hora desconocidas, supe de sus ojos otra vez. Aún no estoy segura si pasó o no. Quizá no. Sólo supe de la sombra bajo el arbol y la gente atravesando en medio del pasillo.
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Hubo un vacío entre tu encuentro y las once de la mañana. Hubo un vacío de años entre tu guitarra y mi despertar. Tú sabías que te fuiste. Es que temo llorar, nadie tiene porqué saber nada. Tú y yo somos hechos de la misma carne, del mismo color de piel... nos criaron de la misma forma.
Me acuerdo de tu casa, de un piso largo, de mi abuela... algún día te conocí cuando era niña. Luego desapareciste mientras crecí. Una tarde te ví frente a mí, abrazando tu guitarra y componiendo la melodía que marcaría tu imagen permanente en la memoria.
Pasaron los días y yo me acerqué a una guitarra... puente que me haría llegar a ti. Siempre te he escrito y todos los días pienso en tí.
No necesitábamos decir que lo mejor era caminar juntos de noche. Pero tú, a medida que probaste las experiencias de tu edad quisiste evitarme. Los cuentos, los hombres grises, el punto de contacto y las estrellas se quedaron aguardando hasta hoy. Tu vida recién descubierta también me guardó en un espacio extraño. No sé dónde me dejaste.
Por mi parte, crecí en medio de oportunidades. Tomé los caminos que quise. Pasó el tiempo. Pasaron diez años. El compás de la espera demoró tanto.
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No puedo evitar mi momento frente al papel. Guardar las palabras siempre ha sido un placer... guardar tu recuerdo siempre ha sido mi labor. La esperanza en el recuerdo ha confundido mis ideas. Tenerte, de lejos y de cerca, ha creado expectativas ilusorias que vanamente se confunden en la quietud del silencio.